El secuestro de la Antropología

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En este artículo expongo la tesis del secuestro de la antropología por parte de la Academia. El escrito mantiene que la antropología está, principalmente en el contexto iberoamericano, demasiado enfocada a los intereses departamentales. Y aboga por un cambio.
No pretendo con ello quitarle mérito a la larga trayectoria de la antropología académica,que es la historia de la disciplina en general. Asumo que la adquisición de fuertes bases teóricas y metodológicas es un requisito imprescindible para la antropología del mañana, y bajo ningún concepto planteo las dos vertientes como una oposición maniquea. Dicho esto, doy paso al artículo.

 

Cuentan los antiguos mitos griegos que Ganímides fue un príncipe troyano hijo del poderoso Laodemonte. Ganímides poseía una belleza legendaria, por lo que no tardó en atraer la atención de Zeus, el gran rey de reyes del Olimpo helénico. Ni corto ni perezoso, Zeus, que como sabemos sentía debilidad por el trans-especismo, se transformó en un águila real y secuestró a Ganímides en las faldas del monte Ida. Ganímides sirvió como copero de los dioses hasta que le encontraron un sitio entre las estrellas. La constelación de Acuario, el copero, guarda su recuerdo.

Esta historia podría resultar baladí si no guardase un tenebroso parecido con la situación de la antropología actual. La tesis de este artículo es que, como Ganímides, la antropología ha sido secuestrada por un ente divinizado y todopoderoso: la academia.

El rapto de Ganimedes
El rapto de Ganimedes. Óleo de Eustache Le Sueur. 1650.

Es innegable que actualmente la mayor parte de los estudios etnográficos y experiencias de campo provienen de la academia. La Universidad es el sol que calienta la disciplina, que orbita a duras penas en las galaxias de las revistas de impacto. Este hecho se repite en las múltiples realidades nacionales donde la antropología tiene una presencia, pero está especialmente acentuado en los contextos hispanohablantes. Ya sea en México, en Perú, en Colombia, en Chile, en El Salvador o en España, la práctica antropológica es terreno hegemónico de las Universidades.

Esta realidad no es viable a largo plazo. El secuestro de la antropología por parte de las Universidades invisibiliza la disciplina de cara a la sociedad, lo que reduce enormemente las posibilidades de profesionalizarla. Mientras los alumnos no encuentran trabajo ni saben qué hacer con su disciplina, los docentes se dedican a las publicaciones de impacto y esa especie de Game of Thrones departamental tan enraizado en los micro-mundos universitarios.

A menudo se me califica de exagerado cuando expongo la gravedad de este asunto. Por eso, en un intento de poder evidenciar esta realidad y contribuir a su cambio, expongo al menos 4 hechos relevantes que defienden la tesis del secuestro de la antropología. Espero, con ello, contribuir de alguna forma a la liberación de Ganimedes, exhausto ya por su larga estancia en la torre de marfil.

Los curriculums de los docentes

El primer aspecto al que me gustaría referirme es a la escasa presencia de investigación extra-universitaria en los curriculums de los docentes de antropología. Podría pensarse que esto entra dentro de la “normalidad”, pero como antropólogos debemos asumir que esta “normalidad” no es más que la consecuencia de un modelo establecido, y que tenemos toda la potestad para ponerlo en duda.

La relación entre los departamentos de antropología y el “mercado laboral extra-universitario” es casi testimonial, algo que se hace muy evidente en los escuetos programas de prácticas. La consecuencia de esto es que gran parte de los docentes desconocen los ámbitos y las metodologías demandas por la realidad laboral, que por otro lado está llena de oportunidades para la antropología del mañana. Esta cuestión se expuso de forma honesta en uno de los simposios del congreso de AIBR 2017, donde llegué a anotar una frase textual de uno de los ponentes: “los profesores no sabemos decir a nuestros alumnos en qué pueden trabajar”. Para reforzar este argumento, propongo que cada cual lleve a cabo una breve investigación sobre la experiencia curricular de sus docentes. Recordemos que Zeus es un dios, y que los dioses no siembran los campos, sino que observan, a veces divertidos, a veces alarmados, la banalidad de la vida humana.

Profesionalización: gran ausente de las ofertas formativas

El que los docentes que habitan los grados de antropología difícilmente puedan responder al ¿qué hacer con la antropología? influye muy negativamente en la oferta formativa. Basta echar un vistazo a los planes de estudio de los grados en España para darse cuenta de lo poco enfocados que están a la práctica de la antropología fuera de la academia. En el caso de la Universidad de Granada, que es donde yo cursé mis estudios, de 240 créditos de grado, tan solo 6 optativos (una asignatura) se enfocaban al mercado laboral extra-académico. Una sencilla regla de tres nos demuestra que tan solo el 2,5 % de las asignaturas de este grado pretenden guiar al alumno más allá de las salidas académicas. Un 2,5%, repito, optativo. Un dato que evidencia el irrisorio compromiso de la carrera con el mercado laboral. Y por lo que he podido saber a través de mis compañeros de otras Universidades de España, Granada no es una excepción.

 

Si analizamos la oferta de posgrado (máster) de España, la cosa tampoco es para tirar cohetes. Son pocos los másters en Antropología que aboguen por una vertiente realmente aplicada, algo que de nuevo se relaciona con la falta de conocimientos “aplicados” de los docentes. Además, tampoco existe un interés en ello. Al menos por lo que yo he podido percibir en mi Universidad natal, los másters se diseñan PARA los docentes y no para los alumnos. Espero poder extenderme sobre este asunto en el futuro, porque tiene tela.

El fantasma de la aplicabilidad

La histórica oposición entre la antropología aplicada y académica es una cuestión que hoy en día resulta absolutamente inservible. Aunque brillantes antropólogos hayan señalado los beneficios que ambas formas de entender la antropología pueden aportar a la disciplina, el fantasma de la aplicabilidad persiste. El discurso es sutil, filtrado gota a gota a través de esas clases magistrales que demonizan la antropología aplicada y advierten a los asustadizos alumnos sobre Sol Tax o el proyecto Hawthrone. Y aunque campos como la Antropología de la Salud o del Desarrollo son ya más o menos tolerados, vertientes como la antropología organizacional o digital son percibidas con recelo y consideradas herejías disciplinarias.

Creo que la demonización de la antropología aplicada solo sirve para mantener el statu quo en los departamentos. Si los departamentos y solo los departamentos controlan la disciplina, el cupo de antropólogos en España quedará cubierto… por ellos y solo por ellos. Agazapada en los rincones departamentales, la antropología (española) seguirá vociferando su utilidad social mientras en la sombra construirá sus defensas en torno a la institución universitaria.
Se hace necesaria una presión “exterior” proveniente del alumnado, demandando un sitio en la antropología del mañana, más allá de los muros del Olimpo.

Las revistas de impacto: endogamia y grafocentrismo

Resultaría muy difícil entender el micro-mundo departamental si no atendiésemos a las lógicas que existen en torno a las revistas de impacto, liturgia y amargura suprema de todo académico que se precie y que desee escalar en su carrera. Estas lógicas bien merecerían un artículo aparte, que sin duda ofreceremos en el futuro, pero que no es objeto de este artículo.
Las revistas de impacto son el principal canal por el que circula la antropología social. ¿Y quién lee las revistas de impacto…?

¡Bingo! Lo has adivinado.

El que académicos escriban solo para académicos genera una nefasta endogamia que tiene más que ver con cuántas veces son citados (existen auténticas red clientelares del yo-te-cito-tú-me-citas) que con la visibilización real de la disciplina, y que, por supuesto, no tiene nada que ver con el futuro laboral de los alumnos. La lógica de la endogamia está al servicio de los currículos de docentes e investigadores departamentales. Nunca del antropólogo profesionalizado.

Por otro lado, la elección de las revistas de impacto como escaparate de la antropología nos precipita hacia un grafocentrismo demodé, una forma de comunicación volcada exclusivamente hacia esa escritura abstracta y postmoderna que tanto nos gusta a los antropólogos y que escasamente entienden otros colectivos. La academia valora y privilegia la escritura Frankestein por encima de formatos emergentes (y mucho más populares) como los blogs, los vídeos de Youtube o las infografías.

Con mayor o menor acierto, he tratado de exponer cuatro ideas que considero fundamentales para entender el fenómeno del secuestro de la antropología. Cada una de ellas merecería matices y horas de discusión. Y sin duda, la elección del académico como “sujeto colectivo” es una licencia que no profundiza en la variada y heterogénea vida departamental del ámbito iberoamericano, ni siquiera del español. Numerosos docentes y asociaciones continúan llevando a cabo impresionantes esfuerzos por sacar la antropología de su secuestro, y sin duda les animamos a contactar con nosotros para poder conocernos y aunar fuerzas. Avanzar juntos hacia una antropología profesionalizada. Solo entre todos; alumnos, docentes, investigadores, profesionales, asociaciones, blogueros, simpatizantes… podemos generar una masa crítica con el estado actual de nuestra disciplina, reinventarla, mejorarla.
Solo entre todos podremos rescatar a Ganímides de su largo cautiverio en las tierras del Olimpo.

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Co-fundador y Director en Antropología 2.0 Contribuyo al desarrollo de estrategias empresariales innovadoras aportando un profundo conocimiento sobre la complejidad humana. Como antropólogo social, estoy capacitado para realizar investigaciones etnográficas partiendo desde la empatía y el entendimiento holístico de los fenómenos sociales. Colaboro con equipos multidisciplinares aportando valiosos insights sobre los que construir estrategias únicas y diferenciadas. Mi pasión por la innovación centrada en las personas me ha llevado a formarme en campos como la Business Anthropology, el Design Thinking o la Experiencia de Cliente (Cx).

9 Comments

  1. Excelente articulo. Lo mismo miro yo aqui en la universidad de Guatemala. Y esto es una de las causas de por que la antropologia no se da a conocer en la sociedad. Por lo tanto hay pocos espacios laborales para profesionalizarnos.

  2. ¡Que buen artículo! Pensaba que describías de El Salvador. Obviamente no está para nada apartada de la realidad antropológica y arqueológica nacional. Una verdadera lástima que miopes sean los que se institucionalizan, no solo en universidades, sino también en los aparatos gubernamentales que velan por la cultura.

  3. Lo que se describe no es un «secuestro» (aunque suene más contundente llamarlo así, pero queda poco serio) sino un efecto de la división «parsonsiana» de las ciencias sociales: sociología, antropología y psicología.
    En un primer momento, como todos sabemos, la sociología iba destinada a indagar en las sociedades «civilizadas» mientras que la antropología lo haría en las «salvajes» (la psicología iba ya ramificándose por su cuenta entre las diferente ramas conductistas, freudianas y otras…) de modo que antes o después veríamos estallar (como así fue) en una crisis de «objeto de estudio» a todo el cuerpo doctrinal, llegando a generar cosas como «estudios culturales» o medio diluirse en teorías literarias…

    Actualmente no hay una estructura profesional porque nunca hubo una profesión dentro del ámbito «civilizado» (con los «salvajes» sí, todo lo que te de la gana… no hay más que ver que antropología aplicada se confunde con ayuda al «desarrollo» en el «tercer» mundo), ese ámbito era el de la sociología… que seguramente tiene problemas similares con su «profesionalización», pero yo entiendo que el problema es mucho más profundo y anterior…
    Con todo, entiendo que el camino se hace andando. Andemos hacia la conquista de ese reconocimiento profesional.

  4. Estimados Colegas: Para abordar el tema del artículo, pienso que lo primero que debemos preguntarnos es: ¿Para qué «sirve» la Antropología? e inmediatamente ¿Para quiénes hacemos Antropología? o sea ¿Quiénes son los «beneficiarios» de nuestra práctica? Con respecto al primer interrogante, considero, muy a grandes rasgos, que nuestra disciplina tiene como objetivo generar conocimiento sistemático acerca de un fenómeno o serie de fenómenos creados y traccionados por un grupo o varios grupos de personas más o menos (auto)definidos. Ese conocimiento generado ¿a quién pertenece? Obviamente este es el segundo interrogante, ¿Pertenece al antropólogo?, ¿Pertenece al grupo, o a los grupos, que es o son objeto de nuestro estudio? ¿Pertenece a la Universidad que nos subsidió el proyecto? ¿Pertenece a la Sociedad toda? Claramente estas opciones no son mutuamente excluyentes y una respuesta abarcativa sería: en última instancia a la Sociedad toda. Sin embargo, y tomando por ejemplo el funcionamiento ideal de las relaciones entre Universidad y Sociedad, podemos decir que todas las anteriores son instancias del proceso de divulgación: El antropólogo produce el conocimiento, lo publica, lo difunde tanto a través de publicaciones especializadas, como a través de la Universidad en la que se desempeña, para que la Sociedad toda se beneficie con su práctica disciplinaria. Sin embargo, por diferentes motivos, creo que nuestra práctica no suscita mucho interés en el común de la Sociedad. El principal motivo sospecho que está relacionado con la dificultad que tiene la academia para traspasar los claustros y ser una institución activa en los procesos sociales a los que es contemporánea. Básicamente, la gente común no sabe a qué se dedica un antropólogo. Y esto no es culpa de la academia secuestradora solamente. Hasta hace relativamente poco, en los proyectos presentados para financiación (por lo menos en el caso de Argentina), la propuesta de interacción con las grupos o comunidades con los cuales compartimos nuestras experiencias era mínima o inexistente. No se devolvía a la comunidad o grupo del cual nos estábamos valiendo para llevar adelante nuestro proyecto, los avances realizados o las conclusiones a las que arribamos. Ni se pensaba siquiera en construir conocimiento juntos y que el “objeto de estudio” se apropie del conocimiento antropológico. En síntesis, no se trata sólo de un secuestro, es también la falta de interacción entre los profesionales de la academia y la sociedad. Es también una creencia, de que el objeto de estudio es un ente pasivo que solo “sirve” para que los profesionales hagan sus investigaciones.
    Por otro lado, este pedido de “profesionalizar” la antropología me resulta por lo menos llamativo. Después de pasar de 5 a 10 años (en el caso de Argentina) transitando por la carrera para obtener nuestro título, considero que somos tan profesionales como cualquier profesional recién recibido. Ahora, si por “profesionalizar” la Antropología entendemos que debemos hacerla deseable para el sector empresarial privado, pienso que la cosa cambia y debemos ser cautelosos.
    Vuelvo entonces a los interrogantes planteados al principio. Cómo antropólogos generamos conocimiento sensible sobre determinados grupos y procesos sociales. Qué pasaría si una empresa minera nos encargara el estudio de grupos que están en contra de la minería a cielo abierto, utilizando ese conocimiento para disuadir la protesta y destruir la cohesión interna de los mismos. O simplemente, una empresa nos solicitara el estudio de las lealtades implícitas de sus empleados dentro de una de sus áreas para degradarlas y poder proceder con un plan de despidos. Con este tipo de “profesionalización”, corremos el riesgo de ponernos al servicio de intereses que, en mi opinión, se contraponen con nuestra formación humanística y humanista. Muchos me dirán, los médicos lo hacen todo el tiempo, son empleados de los laboratorios antes que de los centros de salud; son eslabones de las empresas de medicina prepaga que le quitan el tratamiento a las personas que más gravemente enfermas están porque dicho tratamiento es muy costoso. Pues bien, allá ellos, yo no estudié antropología para ser un instrumento de la explotación del hombre por el hombre sino más bien todo lo contrario.

    Saludos desde Argentina

    • Excelente comentario. Me quedo con tu reflexión sobre la falta de interacción entre la antropología y las poblaciones con las que trabajamos. Soy testigo de que muchas de estas poblaciones ya exigen a los antropólogos, y proyectólogos en general, cuál es el beneficio que obtendrán con toda la información que proporcionan. Sin duda, en el fondo está el compromiso ético del antropólogo con su objeto de estudio, no con la ciencia. Y eso es algo que siempre se evita comentar. Volteando la tortilla podemos decir que el conocimiento antropológico está secuestrado por quienes trabajan en proyectos.

  5. Yo creo que el asunto está en la debilidad comunicacional de la antropología, no con sus pares sino con la sociedad, que es su objeto de estudio. Héctor lo dice de la siguiente manera « …no se trata sólo de un secuestro, es también la falta de interacción entre los profesionales de la academia y la sociedad. Es también una creencia, de que el objeto de estudio es un ente pasivo que solo “sirve” para que los profesionales hagan sus investigaciones»

  6. No estoy totalmente de acuerdo. Por supuesto que la academia debería orientar parte de la formación del pregrado y de algunas maestrías al ámbito profesional. Pero no creo que la academia no lo haga deliberadamente como forma de «secuestrar» la antropología. Yo creo que es más bien el mercado, y no la academia, la que ha relegado a la antropología a un ámbito académico. Eso genera un circulo vicioso de que los antropólogos terminen en la academia y formen antropólogos para la academia. Afortunadamente los mismos antropólogos han comenzado a romper ese circulo y han logrado posicionarse en empleos extra-académicos, haciendo evidente la necesidad de añadir más orientación al ámbito profesional en los currículos.
    Esta situación es similar a la de las ciencias naturales básicas y matemáticas hace 10-15 años (y lo es todavía en alguna medida). Ahora el mercado requiere de innovación científica, pero antes los biólogos, químicos, matemáticos, físicos, estaban relegados casi exclusivamente a la academia.

  7. Me parece plenamente pertinente la pregunta y la interpelación a lo disciplinario respecto a cómo se están haciendo las cosas. Ciertamente, puede ser mas complejo pero eso no invalida la pregunta y los elementos planteados como fundamentales porque creo haberlo vivido y vivo las mismas preguntas desde mi ejercicio como antropologo. la disputa doméstica es necesaria darla y hacia afuera…el tema de resolver los temas entre cuatro pareces está fuera de lugar ya que lo diciplinario se reinventa cada día pero lo que se ve es solo la academia.

  8. Desde la experiencia de seguir profundizado en el sistema de conocimientos campesinos en mi pueblo natal en Colombia, a través de la etnografía, he buscado visibilizar dichos conocimientos al interior de la sociedad y fuera de ella, para aportar a la búsqueda de soluciones acordes con las poblaciones participantes. Sin embargo, he encontrado escasos recursos de la Academia con quienes logro compartir enfoques, y por lo contrario, temerariamente he visto cómo los proyectos instrumentalizados «para el desarrollo con lógicas capitalistas» buscan estos resultados para justificar su uso y proyectarse. Por tanto, es urgente que la Academia se posicione fuera de las aulas para darle fortaleza a estas iniciativas desde una visión crítica, participativa y aplicada.

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