La Antropología en los proyectos de construcción hidroeléctrica

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Uno de los retos actuales de la antropología aplicada es la incursión de antropólogos en las obras de construcción como parte de los procesos de seguimiento a los impactos en la comunidad de dichas obras. Este matrimonio construcción-antropología es relativamente nuevo, por lo tanto aún hay un desconocimiento general de nuestro aporte en esta área.

He escuchado constantemente la pregunta: ¿qué hace un antropólogo en un proyecto de infraestructura? Mi historia podría ayudar a responder parte de esta pregunta:
En Colombia, en el año 2013, se desarrollaba un proyecto hidroeléctrico y la búsqueda de antropólogo para que hiciese seguimiento etnográfico era urgente. Entonces, habiendo tenido una excelente formación etnográfica, teórica, metodológica y practica en la Universidad de Antioquia de donde soy egresada, envié mi CV y posteriormente me contrataron por medio de una empresa privada dedicada a liderar la gestión social y ambiental en proyectos de esta índole. Es así que me embarque en el trabajo del seguimiento etnográfico de las dinámicas socioculturales de las comunidades impactadas por dicho proyecto, que correspondían a 6 municipios en los cuales se desarrollaría un reasentamiento poblacional.

Pero, ¿qué es y cómo se hace el seguimiento etnográfico?
Empezaré diciendo que este proceso es investigativo, es decir, se hace necesario que el antropólogo tenga una formación investigativa en lo social y que le guste el manejo de información y el análisis de altos volúmenes de datos cualitativos y cuantitativos. Es un proceso que debe tener como punto de partida una línea de base para poder ser contrastada. Esto va a permitir llevar a cabo el seguimiento de las consiguientes trasformaciones.

Entonces, ¿cómo se construye una línea de base? ¿Cómo se le hace seguimiento?
Una línea de base constituye una “instantánea” de la realidad actual de la situación de las comunidades en todos los ámbitos. Para realizar una línea base es necesario entender todos los pormenores del proyecto pues de esta manera se configura la ruta teórica y metodológica apropiada para las características del proyecto. En mi caso, el proyecto representaba una incidencia en primera medida en el territorio, el recurso hídrico y las prácticas económicas de la población (representadas en la pesca y la agricultura como mayores exponentes). Por lo cual, los ámbitos de estudio que comenzaban la lista eran el territorial, el paisajístico y el económico – no necesariamente en ese orden de importancia.
En segunda instancia el reasentamiento de población (traslado o reubicación de pobladores desde su lugar de habitación a otro nuevo) implicaba un impacto en el ámbito social, político y de tradición.
El siguiente paso fue construir el corpus teórico y metodológico. Para este punto se hace imperante tener un amplio conocimiento sobre reasentamiento y procesos de construcción hidroeléctrica, para lo cual hice el rastreo de la literatura escrita sobre reasentamiento en Colombia, México, Honduras y Argentina.
El siguiente paso corresponde a las preguntas investigativas en cada uno de los ámbitos que se investigarían; entonces, por ejemplo en el ámbito territorial, había que preguntarse sobre la relación del sujeto en términos del “habitar” con su casa, las calles, los paisajes, etc.  Así como la dinámica de uso del espacio y cómo el espacio determina las practicas del individuo o colectivos. También las líneas simbólicas que relacionan al sujeto con el entorno y el espacio: lugares comunes y no comunes. Para cada uno de los ámbitos mencionados se realizó un banco de preguntas concernientes a describir el momento actual: el ahora de las comunidades. En resumidas cuentas, la línea base es la “foto” del momento actual.

Lo ideal es que todo este trabajo se realice antes de la puesta en marcha de cualquier tipo de construcción de infraestructura o proceso que involucre a las comunidades. Lastimosamente, en Colombia muchas veces se hacen estas líneas bases en el transcurso de la obra o peor aún: en la puesta en marcha de la misma. Esto, siempre, afectando a las comunidades y siendo poco fiel a las realidades de las mismas, lo que no permite que se haga un trabajo social que responda a las necesidades de las poblaciones. Ciertos proyectos incluso empeoran las condiciones de calidad de vida de los habitantes.

El amplio espectro de herramientas cualitativas que se puede usar para recolectar información va desde la observación participante, inmersiones, entrevistas, historias de vida hasta herramientas como las fichas técnico sociales. Después de la recolección de datos, se hace un análisis que lleva mucho tiempo, atención y tensión por el volumen que implica. Éste se convertirá después en un diagnóstico de las poblaciones desde todas sus aristas.
Más adelante, se hace el seguimiento a esta línea de base en periodos que se determinan de acuerdo a las empresas contratantes y/o a las licencias ambientales que rigen estos proyectos, pues, lo usual es que estos resultados se entregan a las autoridades nacional encargada de estas licencias. En mi caso se hizo el seguimiento anual, lo cual implicaba un tiempo prudencial entendiendo que la obra se demoraba 5 años en construcción y luego se pondría en marcha. Esto permitió tener una radiografía de los cambios, hibridaciones o pérdidas de las prácticas culturales de las poblaciones en cinco años.

¿Por qué un antropólogo es el profesional idóneo para esto?
Son muchas las razones: somos profesionales que entendemos que las comunidades son sistémicas y de esa manera las abordamos. Además tenemos un corpus teórico y metodológico que nos permite indagar y profundizar en las necesidades de las comunidades. Entendemos del contexto y podemos ser la voz de esos colectivos. La cultura es para nosotros el parámetro de medición, si así pudiera acuñar el término. Somos, en formación, idóneos para describir, abordar, entender y explicar a las comunidades y su entramado cultural.
En mi experiencia puedo asegurar que el trabajo del antropólogo es de suma importancia en todo proceso socio-cultural y podemos marcar una gran diferencia en la calidad de vida de las comunidades que tocamos.

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Antropóloga por la Universidad de Antioquia. Ha trabajado como etnógrafa para varios proyectos de infraestructura en Colombia, haciendo seguimientos cualitativos a los impactos de dichas obras en la población. En este momento trabaja como investigadora cualitativa en proyectos de mercadeo y como directora de cualitativa en un proyecto de intervención social.

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