Antropología de la empresa

Antropología de la empresa: Una asignatura pendiente

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Este artículo defiende la incorporarción de la “antropología de la empresa” en la oferta formativa de los diversos grados y estudios en Antropología Social, ya sea como materia o como postgrado. Esto supondría un importante paso en la vía de la profesionalización de la disciplina.


No sé si sabíais que en Dinamarca el trabajo de antropólogo está altamente valorado. Los antropólogos daneses no suelen tener problemas en integrarse en el mercado laboral, ya sea en las esferas públicas, en empresas privadas o en proyectos de cooperación internacional. Los que no, montan su propia consultoría etnográfica. En Copenhague tiene su oficina Red Associates. Y Anthropologerne. Y Maple. Y muchísimos antropólogos independientes.
Allí es posible vivir de la antropología.

Una de las razones por las que ocurre esto es porque la antropología danesa está diseñada para ser profesional. La propia universidad contribuye a que sus alumnos encuentren una salida laboral digna al finalizar los estudios. Un ejemplo clarísimo de ello es Anthroanalysis, un grupo dependiente de la Universidad de Copenhague donde los alumnos de antropología realizan estudios de naturaleza aplicada para empresas y organismos. De este modo, los alumnos obtienen contacto real con los agentes implicados, hacen curriculum profesional y obtienen una valiosa experiencia extra-académica, pero siempre bajo el paraguas de los profesores que mentorizan el proyecto. ¿No está mal verdad?

Esta actitud tan proactiva por parte de la Universidad se traduce también en su oferta formativa, concretamente en los postgrados. En Dinamarca puedes encontrar el Master in Techno-Anthropology (Universidad de Aalborg) o el Master in Business and Organizational Anthropology (Universidad de Copenhague), ambos muy bien valorados tanto académicamente como por los propios alumnos. Con ello, la Universidad apuesta por una formación específica en antropología de la empresa, aplicando la etnografía a campos tan diversos como el diseño, los recursos humanos, la gestión de proyectos, la investigación de mercados o el emprendimiento social. Y las empresas, conocedoras del inmenso valor de la mirada holística y de la etnografía, se lanzan en plancha a por las nuevas generaciones de antropólogos.

¡Así cualquiera!

Para conocer qué puede hacer un antropólogo en una empresa consulta nuestro artículo “Las 4 funciones de la antropología en la empresa”

Pero, ¿qué ocurre en las Universidades españolas y en general en el contexto iberoamericano? Bueno, aquí la cosa no está para tirar cohetes. La antropología de la empresa es una rara avis en los departamentos hispanohablantes, una otredad abismal e incluso una especie de herejía disciplinaria. Es la famosa “antropología al servicio del capitalismo” (como si hubiese alguna que no estuviese integrada en este sistema) de la que hay que huir como si de la peste se tratase. La premisa parece sencilla: Todo lo que huela a empresa es malo por naturaleza.
En una disciplina tan acomplejada como la antropología, no es de extrañar que tales razonamientos encuentren un refugio seguro.

Sin embargo, más allá de debates de corte epistemológico y moral, que bien podrían merecer otro artículo, quisiera situarme en un marco pragmático y acorde con el objetivo principal de Antropología 2.0: la profesionalización de nuestra disciplina. Si partimos de la idea de que la Universidad debería ser capaz de conjugar la enseñanza humanista con la preparación para el mercado laboral, tal como hemos visto en el modelo danés, no deja de sorprender la ausencia de la asignatura “antropología de la empresa” en los planes de estudio de los diversos Grados en Antropología Social.

“No habrá profesionalización posible si la antropología no empieza a mirar hacia las empresas.”

Ciertas personas podrían pensar que esto se debe a que la producción intelectual sobre antropología de la empresa en español es muy pobre, y por tanto no existe bibliografía suficiente como para armar una asignatura. Esto es verdad a medias, ya que a pesar de que Iberoamérica no cuenta con una tradición tan dilatada como la estadounidense, la británica o la danesa, sí que existen libros, artículos, trabajos de campo, tesis doctorales y demás materiales susceptibles de ser incorporados a esta hipotética asignatura. De hecho, ya en 1984, Claudio Esteva Fabregat, uno de los “padres” de la antropología española, publicó una obra que llevaba como título “Antropología Industrial”. Y tras él, Aguirre Baztán, Roca i Girona, Greenwood, Rafael Cuesta, Carlos Bezos, Jordi Colobrans, Maria Jesus Buxó o Sergio Lopez han seguido desarrollando trabajos que bien podrían enmarcarse en la actividad etnográfica ligada a las empresas en el contexto español. Si añadimos la producción Latinoamericana, bien podríamos plantarnos con diez páginas de bibliografía especializada sobre antropología de la empresa.

Tenemos los libros, perfecto. ¿Y qué pasa con las personas? ¿Existen docentes especializados en antropología de la empresa? Vistas las materias impartidas en los grados de Antropología pudiese parecer que no, pero la realidad sorprendería. Gracias a este proyecto he tenido el placer de contactar con un buen número de docentes que han relatado sus experiencias en el ámbito de la empresa privada y que sin duda podrían aportar muchísimo a la hipotética asignatura. Existe además un sinfín de profesionales no académicos que bien podrían impartir clases como profesores asociados. Pero, por la razón que fuese, el contexto no ha estado de su parte. Al contrario que la salud, el patrimonio, las migraciones o lo urbano, la antropología de la empresa nunca ha estado de moda. Y muchas de estas experiencias han quedado tímidamente diluidas, sustituidas por líneas de investigación mucho más populares.

Esta situación deriva en una especie de enfrascamiento de la antropología iberoamericana. Una pescadilla que se come la cola cuya consecuencia directa es la ausencia formativa sobre antropología de la empresa. El que haya pocos docentes especializados en estudios aplicados a la empresa provoca que los alumnos desconozcan esta clase de antropología. Incluso a aquellos que de forma autodidacta descubran y muestren un interés por la Business Anthropology les resultará tremendamente difícil dar con un tutor dispuesto a acompañarles en su trabajo. Lo más común es que digan: a) eso no es antropología, b) ese no es mi campo. Por ello, muchos de los alumnos que hubiesen optado por esta vía de especialización se desaniman y terminan integrando otro tipo de investigaciones, más aceptadas y acordes con el habitus antropológico.

Además de ignorar una subdisciplina con una rica tradición histórica, la ausencia de formación en antropología de la empresa actúa directamente en contra de la profesionalización. No deja de sorprender que una disciplina con una tasa de incorporación laboral tan baja se permita el lujo de desdeñar a las empresas, que como todos sabemos suponen el principal agente de creación de empleo. Cuando los estudios en Antropología eran minoritarios y la Universidad era capaz de absorber a gran parte de los titulados, todo este asunto podría parecer secundario. Pero con diez grados y diecinueve postgrados específicos en Antropología Social (solo en España) y con una universidad precaria y saturada, el debate sobre la incorporación de la antropología de la empresa en la oferta formativa es más relevante que nunca. Los alumnos deben saber que pueden trabajar en ámbitos como la antropología organizacional, la responsabilidad social corporativa, el design thinking, la experiencia de usuario, la investigación de tendencias, el Lean Startup, los departamentos de exportación o la innovación. No habrá profesionalización posible si la antropología no empieza a mirar hacia las empresas.

Las soluciones pasan por un compromiso completo por parte de los agentes que integramos este micro mundo llamado Antropología Social. Los departamentos universitarios deberían plantear la incorporación de esta asignatura, o incluso la creación de masteres específicos sobre ello, como es natural en Holanda, Dinamarca, Suecia, Gran Bretaña, Estados Unidos o Australia. En caso de no contar con docentes especializados, la Universidad española podría tirar de profesores asociados, como ya hace la Universitat de Barcelona con Jordi Colobrans.

Por otro lado, los profesionales con experiencia podrían ofertar talleres o cursos en colaboración con las propias universidades. Esta fórmula tampoco es nueva. Las Escuelas de Negocios llevan años incorporando cursos y talleres de profesionales de distintos ámbitos (también de la antropología) para ofrecer una mayor experiencia aplicada a sus alumnos. Y parece que los Grados en Antropología también empiezan a abrazar esta solución. Sin ir más lejos, hace unos meses la Universidad Complutense de Madrid organizó un taller llamado “¿Y luego qué?” que contó con la participación de Antropología 2.0 y de la prestigiosa consultoría A Piece of Pie.

Este compromiso también debe extenderse a los alumnos. Creo que es importante que dejemos de percibir la antropología como “una carrera sin salidas” en un mundo donde los datos han cobrado más importancia que nunca. Y aunque entiendo que la antropología pueda considerarse una carrera vocacional (lo es), esto no es incompatible con desarrollar un futuro profesional. A fin de cuentas, una carrera es una inversión. Depositas tu dinero en una institución esperando obtener un título que te permita… ¡exacto! Encontrar trabajo. No es que me encante el modelo, pero es que el tenemos.

Abogo completamente por la incorporación de la antropología de la empresa en la oferta formativa universitaria, ya sea en forma de asignatura o de postgrado. No son pocos los alumnos que en silencio anhelan saber más sobre las aplicaciones y salidas profesionales de su disciplina en el ámbito privado. Es mucho lo escrito, y cada vez hay más. Existen profesores y profesionales con experiencia como para impartir la materia. ¿Qué nos queda? La voluntad. La voluntad de querer explorar el “lado oscuro de la fuerza” y, por supuesto, ser críticos con ello, pero con conocimiento de causa, más allá de los cansinos clichés colonialistas y de esa especie de pureza ideológica que muchos pretenden para nuestra disciplina. De este modo avanzaremos hacia una antropología más plural, más rica y más profesional. Como en Dinamarca.

 

Fundador e ideólogo de Antropología 2.0. Entiendo la profesionalización de la antropología como un reto personal. Creo en una antropología transformadora capaz de asumir los retos contemporáneos. Formación en Antropología Social, Dirección comercial y Community Management. Viajero incansable, cinéfilo y orador Además de dirigir Antropología 2.0, trabajo como responsable de marketing y exportación para la empresa privada.

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